Prólogo

Dudo que algún día llegues a leer esta carta. Ahora mismo estarás confusa, preguntándote si sigues cuerda o estás teniendo alucinaciones. Me encantaría decirte a la cara que no es nada malo, que una vez que lo domines, te darás cuenta de la suerte que tienes…

Al principio es duro. Duro de asimilar, duro de afrontar, duro de aceptar. Pero te puedo prometer, y tengo la mano en el pecho, que va a ir a mejor, que vas a sentirte una chica privilegiada y que vas a querer enseñarle al mundo tu gran talento… aunque esto no lo puedes hacer, Ayn. Por lo que más quieras, no te expongas a aquellos que no son como tú. Ellos no lo entenderán, y como tú bien sabes, la sociedad rechaza lo que no comprende. A excepción de este detalle, todo son ventajas.

Durante el viaje que vas a realizar vas a cruzarte con muchas personas nuevas de las que deberás aprender lo mejor. Unas estarán de paso, otras rebotaran en ti. Sin embargo, las más importantes son aquellas que van a quedarse. Esas serán las que deberás cuidar como el tesoro que son, las que te ayudarán a construir tu camino y las que permanecerán a tu lado tanto tiempo como espacio tengas en tu corazón. Tú debes dar lo mismo o más de lo que recibas de ellas. Lo que hay al otro lado no es más que un trabajo en equipo.

No sé si volveré a escribirte antes de que te descubras, por lo que de momento me despido. Espero que te guste tu potencial. Un abrazo muy fuerte, Ayn.

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